Medir, medir, medir y volver a medir…

Sin ninguna duda, para valorar el éxito de cualquier iniciativa y saber si estamos en el camino correcto es necesario medir, medir, medir y volver a medir. Partamos de que lo que no se puede medir no existe y, desde ese punto, tratemos de ver qué medir y cuándo hacerlo.

Hablemos de los momentos iniciales. Todos hemos ido a un gimnasio y nos han dicho que “para presumir hay que sufrir”, llevándolo a nuestro terreno lo llamamos “curva de aprendizaje“. Es normal que las métricas que extraigamos de estas primeras actividades estén, en mayor o menor medida, desvirtuadas, pero ya comienzan a darnos información valiosa. En este momento consideramos de mayor utilidad ir hacia métricas cuantitativas, que nos muestren si se están desarrollando las actividades señaladas y el número de personas que lo hacen, número de accesos si hablamos de una herramienta, etc.

Una vez que hemos conseguido sortear la resistencia natural al cambio y se normaliza el desarrollo de las actividades que hemos diseñado, llega el momento adecuado para medir de forma cualitativa. Podríamos decir que ahora es cuando queremos comprobar que las actividades, además de hacerse, se hacen bien. Las métricas estarán orientadas a la calidad de los productos generados.

Si hemos pasado con éxito las dos fases que hemos descrito anteriormente, estaremos en disposición de medir para aprender y mejorar nuestros procesos, podremos automatizar la extracción de métricas y diseñar cuadros de mando que nos permitan analizar el estado de nuestra instalación en tiempo real.

Está claro que solamente con medir no es suficiente, hay que diseñar acciones correctoras para llevar las métricas a los valores deseados y hacer un seguimiento de su cumplimiento. De igual modo que tendremos una PMO (Project Management Office) para el seguimiento de nuestros proyectos, todas estas actividades deberían estar supervisadas por una TMO (Test Management Office) que, de un modo objetivo, vele por el cumplimiento de las actividades y mantenga los indicadores en los valores deseados.

Por último, diría que es mejor tener pocos indicadores pero con una alta fiabilidad que tratar extraer métricas que abarquen todos los aspectos, pero que tengan una menor fiabilidad. Una métrica desvirtuada es la mejor excusa para dejar de medir y para alimentar la desconfianza en el proceso puesto en marcha.

JavierCanales_2Francisco Javier Canales

Software Control & Testing | Sogeti España

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